Esa mañana me había levantado al lado de mi último polvo, Mike.
-Buenos días princesa.-Sonrió mirándome.
-Buenos dias.-Le miré.-Mike,¿Tu y yo estamos ahora juntos?.-Susurré.
-No Hollie, no significas más que un polvo para mí.-Me miró sonriendo.
-¿QUE?! ¿COMO PUEDES SER TAN CABRÓN? VETE DE MI CASA Y NO ME VUELVAS A LLAMAR NUNCA MÁS.-Le pegué una bofetada y me levanté furiosa.
-¿Pero ahora que coño te pasa hollie?.-Me preguntó sin entender.
-¡Que para mi no eres solo un puto polvo, estoy enamorada de tí gilipollas!.-Grité y le mire.
El se vistió y se fue dejándome allí.
Tras tres horas sin dejar de llorar decidí salir a tomar el aire.
Yo corría mientras las pequeñas gotas resbalaban por mis mejillas.
¿Por qué es tan dificil para mí encontrar a alguien que me quiera?
Resbalé y caí en los brazos de alguien.¿Quien eres?
Me sorprendió al ver a un chico de pelo negro, tez pálida, ojos negros, marcados por el maquillaje, labios carnosos y cerca de los de ella.
-¿Quien eres?.-Susurré lentamente-
-Soy tu salvación.-Sonrío-
-Gracias.-Me levanté y me hice la dura pasando de el- Adios.
-Espera.-Me agarró del brazo y me trajo hacia su pecho- No te vallas.
-¿Que quieres?.-Le miré aun llorando.-
-No llores preciosa.Nadie se merece que le creas tan importante como para llorar por él.-Me acarició la mejilla secándome las lágrimas.
-Tú no sabes nada de mí.-Le dije abrazándome a él y llorando.
-Cuentamelo todo para eso estoy aquí.-Susurró tranquilizándome y abrazándome más fuerte hacia sí.



